La Humanidad me rebosa las manos; me oprime el pecho y la boca con su boca, salta conmigo en los talones. Me grita desde la garganta para que no me duerma, para que no la deje escapar sin morderla, sin arrancarle la piel para sorber hasta la última gota de lo que pueda usar. A veces me desnudo estrepitosamente de ella, y la dejo esperando en el suelo hasta que sacio mi apetito. Luego la recojo algo avergonzada y le sacudo las migajas de galleta. La Humanidad me rebosa las manos; pero pertenezco a esta mezcla de carne y pisotones que derrama Humanidad con los ojos vendados, sin dolor. La derraman apenas después de lamerla, sin probar bocado; virgen y sin usar como nunca quisiera encontrarme. La dejan morir por las aceras, retorciéndose y brillando en su agonía, mordiéndose los labios con la resignación del célibe. No la matéis virgen. Usadla, Humanos.
"Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días."
"Tendría algún sentido llamar a la puerta solamente en el caso de que la puerta se interpusiera entre tú y yo. Si tú estuvieras dentro, por ejemplo, y yo estuviera fuera, entonces tú podrías llamar y yo te abriría para dejarte salir".
Alicia en el País de las Maravillas
Siento tus yemas y tu lengua como el que siente un órgano amputado.
Rayuela, capítulo 5
"La Maga había pretendido inocentemente hacer literatura."